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Prohibir, prohibir, prohibir

El defensor del menor de la Comunidad de Madrid, Núñez Morgades, ha solicitado la prohibición de la venta de videojuegos a menores de edad. Núñez no sólo se limita a exigir la aplicación actual del Reglamento de Protección Sociocultural del Menor, que ya contempla ciertas recomendaciones al respecto, si no que exige un férreo control de la venta de videojuegos, el control de los juegos online y la filtración de juegos para adultos en los cibercafés. Casi nada.

En este país, dónde cada problema y cada parche se soluciona con leyes y normativas, cada vez nos vemos rodeados por más demagogos y "expertos" que jamás han tenido contacto con los sectores implicados. Limitar el acceso de los menores al alcohol y al tabaco me parece necesario (son drogas, al fin y al cabo), y controlar la emisión de publicidad que los promueva, en horario infantil, también. Incluso aconsejar sobre toda esa violencia que aparece en los televisores a diario (por Dios, qué basura de televisión los fines de semana, dónde de pequeño me tragaba docenas de películas juveniles, ahora sólo emiten dramas humanos repletos de violencia, tedio e incluso esas escenas pseudo-eróticas típicas de las cintas de clase B) y que debemos evitar que nuestros niños tomen cómo cotidiana.

Sin embargo, en la actualidad el control en la práctica de los videojuegos no tiene sentido. Un videojuego de última generación, que sea una novedad, tiene un coste mínimo de 50 euros, que dudo que un menor pueda conseguir fácilmente, al menos sin vender y renunciar a su colección de Pokémon. Después está el control paterno, que es vital. La educación en casa, el ambiente en el que se educa el niño, es el pilar de su comportamiento ahora, y en su futuro. La capacidad que tienen los padres para filtrar el acceso del menor al material violento no tiene límite.

De nada vale legislar la actuación de las tiendas ante el menor, ni la de los fabricantes, que ya incluyen recomendaciones sobre la edad muy claras en los envases. La clave es saber lo que ve tu hijo, a lo que juega, a lo que puede acceder. Ya en mi época juvenil y adolescente tuve que aguantar gilipoyeces de todo tipo, sobre la violencia de series de dibujos como Bola de Dragón o los Caballeros del Zodíaco (que supusieron un cambio de 180º para los que por entonces veían La abeja Maya o Heidi), o incluso los juegos de rol, a los que de repente todos criticaron (y que se ha comprobado que son favorables en la educación) sin saber qué significaban, ni qué coño era. Y fíjense, parece que a mis casi 28 años no soy un psicópata, ni un enfermo, ni un sociópata, ni un violento social... qué cosas.

Así que por favor, hablemos de las cosas en serio, desde el fondo y avanzando hasta analizar los problemas que pueden causar, y no salgan ustedes (señores políticos, defensores a ultranza y demás) a cantar su demagogia, a amenazarnos con leyes y hacerse la puñetera foto, para acabar empozoñando y atemorizando a aquellos padres que avanzamos en la difícil tarea de educar a nuestros niños.

Vía | Barrapunto

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Memed El flaco
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