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Esos despertadores cabroncetes

Estás sudando. Atraviesas el campo de juego destrozando la hierba con cada pisada de tus botas de fútbol. Has atrevesado la media línea y no te cuesta evitar las terribles entradas de los primeros defensas que se adelantan para detenerte. Son pocos. El contraataque ha sido un éxito. Escuchas, sientes los gritos de la afición que aguarda expectante el resultado de tu jugada. Ya ves la portería, está cerca. Ves incluso el sudor que gotea en la frente del portero. Un arranque más. Colocas el balón y... ¿qué es ese maldito sonido insistente? ¡Exacto! El maldito despertador que te arranca de tus idílicos sueños.
Pero eso no es todo. El pequeño cabroncete ahora tiene ruedas. Es el Clocky. Te lo regaló tu novia, con todo su cariño, te dijo la muy arpía. Un despertador al que no le basta con acabar con tus sueños de galáctico. Gracias a sus ruedas, se lanza al suelo y corretea por la habitación hasta que logras darle caza y consigues apagarlo, mientras notas las baldosas enfriándote los huevos.
Pero no era suficiente. También han inventado el Puzzle Alarm Clock. Este otro cabroncete te avisa con su alarma clásica, para después lanzar por los aires todas las piezas del puzzle que compone su cúpula. Hasta que no encuentres todas las piezas, y las coloques correctamente, no deja de sonar la alarma.
Por cierto, ninguno puede desenchufarse. Van a pilas.

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Memed El flaco
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