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La trama de Marbella

La leche. Más de cuarenta detenidos, incluidos abogados y notarios. Un blanqueo valorado en más de 250 millones de euros. Han sido intervenidas 251 fincas inmobiliarias a lo largo de la Costa del Sol, y 42 vehículos de alta gama, entre ellos un avión privado, motos y deportivos de gran cilindrada, obras de arte...
Qué cosas. Es imposible escapar al éxito mediático que ha continuado a la operación policial. Ya bien se encienda la radio, se navegue por internet, conectemos la televisión o abramos un periódico, por poner algunos ejemplos. A nuestro alrededor una inmensa Ballena Blanca chapotea impotente, varada en las arenas de las playas de Marbella.
Y no es para menos. Es la operación contra el crimen organizado jamás organizada en toda Europa. El Director General de la Policía puede sentirse a gusto. Jamás le sentó mejor el cargo, ni disfrutó de las continuas llamadas telefónicas para entrevistarle y felicitarle. El ministro de Interior y todos los responsables de esta impecable operación pueden comenzar a ponerse medallas, se las merecen.
Sin embargo, hay que joderse. Para un ciudadano de Marbella como yo, toda esta parafernalia ceremoniosa, toda esta exhibición de medios y méritos nos causa un sentimiento contradictorio.

Por un lado, es espléndido que estas detenciones se produzcan. Es necesario cortar de raíz este tipo de organizaciones compactas tan difíciles de desmantelar. Me tiemblan las manos cuándo intento calcular la ingente cantidad de medios que ha tenido que disponer el Estado para llevar a cabo esta operación, y lo que les queda por delante. Contactos con el extranjero, infriltración en las redes delincuentes, relaciones con los países implicados, preparación de todos y cada uno de los cargos, y las pruebas concluyentes, coordinación de los agentes para que ningún puñetero tecnicismo legal de forma lo eche todo a perder... Apoteósico.
Pero para los marbellíes, todo este circo comienza muy tarde. El verano de 1987 llegó a la Alcaldía de Marbella Jesús Gil. Desbancó sin problemas al PSOE, con su aluvión de colorida publicidad, detallados vídeos explicativos e imponentes autobuses propagandísticos. En realidad, fue la salvación. Marbella caía por entonces en un pozo que parecía no tener fondo, perdiendo su fama en el exterior, luciendo calles sucias, empresarios desperanzados y marbellíes apáticos ante una manada de políticos canallas (en general).

Antes de ganar, Gil ya anunció que trataría a Marbella como una empresa, porque era cómo él hacía las cosas. A nadie le importó. Muchísima gente advirtío de la agresiva política que Gil quería llevar a cabo, pero pocos escucharon a los clásicos y quemados partidos políticos de la oposición. Entonces ganó por mayoría absoluta. Esas elecciones, y las cuatro siguientes.
Marbella mejoró, de eso no hay duda. Los primeros ocho años se construyeron instalaciones públicas, se mejoraron las infraestructuras, se llenó la ciudad de jardines, se pintaron medianas y bordillos con los colores de Marbella, se levantó el emblemático Arco de Marbella, etc. Nadie sabía muy bien de dónde salía tanto dinero, pero el turismo volvió y la ciudad renació.
Sin embargo, no tardaron en llegar las primeras denuncias serias por extorsión, prevaricación, movimientos de dinero negro, manipulaciones políticas, venta ilegal de suelo público, recalificaciones... ¿y qué sucedió? Nada.
Nada, porque el pueblo siguió votando a Gil, a su programa y a su forma de hacer las cosas, que mantenía artificialmente el pueblo a flote, y los puestos de trabajo, la fama de cara a los turistas y la banca del lado de los especuladores. Ah, por cierto, la fiscalía, los jueces, el Estado, tampoco hizo nada.
El éxito de Jesús Gil ya era clamoroso. Consiguió meter a su hijo en la alcaldía de Estepona (dónde sus métodos, menos sutiles, dieron con él en la calle), y poco después, se lanzó a por Ceuta, Melilla, Ronda, y algunos pueblos de la Costa del Sol. En algunos, como Melilla, ganó.
Fue cuando el grupo de Jesús Gil (el Grupo Independiente Liberal, GIL), se convirtió en un problema. Ya no sólo porque exportaba un modelo municipal insostenible y agresivo, si no porque era capaz de animar a los votantes en pueblos dónde la apatía por la política estaba generalizada, y robarle votantes a los partidos tradicionales.
Entonces comenzó el acoso judicial y político. Y se lo merecían, eso sin duda. Intentaré agrupar datos más objetivos, cuándo tenga algo más de tiempo. Los casos urbanísticos se convirtieron rápidamente en escándalos, lo que antes eran trapicheos ahora era prevaricacíón y estafa, el Consejo General del Poder Judicial, antes untado hasta el escándalo, se alzó en pos de la justicia y la venganza. Los entes políticos de más alto nivel instaron a los organismos judiciales a caer con implacable dureza, antes nunca vista, y hasta entonces no utilizada. Comenzaron las agudas visitas de Jesús Gil a los juzgados (aún vitoreado por los marbellíes), sus primeros días en la cárcel, sus posteriores entradas y salidas por motivos médicos, y por fin, su inhabilitación política.
Después vinieron otros políticos, otros ladrones.
Para entonces, gracias a la bonanza económica en España, al intenso desarrollo urbanístico y a la capacidad sin parangón para blanquear dinero en la Costa del Sol, las mafias más duras de centro y oriente de Europa, ya estaban cómodamente instaladas en Marbella, con el beneplácito de las autoridades locales, por supuesto. Durante estos años han tenido espacio suficiente para desarrollarse, luchar entre ellas, y hacerse inmensamente ricas.
No se hizo mucho para evitarlo. Tal y como sabemos, por ejemplo, la Guardia Civil conoce las playas dónde algunos pescadores trapichean con inmaduros (ilegales); las policías saben dónde y quién mercadea con droga, cómo acorralar a las mafias de seres humanos, o a los que provocan que el TopManta se ponga sobre la acera (y no me refiero a los inmigrantes, que se juegan la expulsión). También sabemos que el caso Gescatera podría haberse evitado... pero bueno, como bien sabemos, muchas veces no existe voluntad política, porque no existe una foto que plasmar en la portada de un periódico.
Señores, esa foto se hizo el 4 de diciembre de 2004, cuándo un niño y un adulto fueron tiroteados en el transcurso de un ajuste de cuentas. El pueblo ya no aguantó más, el poder creciente de las mafias también trajo consigo luchas más sangrientas, y ello salpicó con sangre al pueblo, y salió a las calles a manifestarse.
Tanto escándalo supuso la gota que colmó el vaso, y la creación unos meses después de la Fiscalía contra la Corrupción, que supongo que tendría muy avanzada la investigación de la operación Ballena Blanca.
Me dejo muchas cosas en el tintero. Datos, referencias y enlaces que por falta de medios y tiempo no puedo completar, pero aquí queda.
Cómo la Justicia en Marbella se fue para volver precipitadamente cuándo convino, a los que vieron temblar los pilares de su poder, no cuándo convino al pueblo.
Eso sí, las medallas ahora no faltan.

P.D. Quisiera también incluir el interesante punto de vista de Luis del Val en su Carta Abierta.

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Memed El flaco
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