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Al principio

Al principio, se crearon los primeros filamentos. Eran cortos, inestables y tímidos en su conversación, pero se apoyaron todos ellos, arremolinándose entre las ruidosas y especializadas conexiones.
Fueron las primeras líneas conectadas entre sí, los primeros usuarios de a pié que interactuaron, mejorando la experiencia militar y científica heredada. Algunos, incluso, se conectaban con armatostes ruidosos que los unían al impúber ciberespacio.
Y quién me lo iba a decir. Ahora estoy aquí, tecleando bajo el flamante marco de mi Firefox, y recuerdo aquellos lejanos días, en que instalaba Ms-Dos en mi primer Pentium y gritaba con genio y rabia cuándo no podía utilizar el procesador de textos, el buscaminas (que realmente nunca me agradó) o el Doom2.

Juventud, Divina Juventud, que te fuiste para no volver (...), murmura mi padre de vez en cuándo. Y sigo rememorando mis primeras instalaciones, mi creciente desilusión y pasmoso alucine al comprobar que Windows, una y otra vez, era incapaz de cubrir mis necesidades de escritorio. Mi ávido apetito por avanzar y sumergirme en los entresijos informáticos ¡Mas cuán inocente fui! Me hice un experto en solucionar algunos problemas de Windows... los míos y los de todos mis conocidos., pero erre que erre, cuántas veces no habré formateado discos duros (con mayor o menor fortuna) para reinstalar una y otra vez esta mala bestia que parió Bill Gates.
Y ojo, que no radicalizo mi posición frente a tito Bill. Sin lugar a dudas, Windows permitió que hubiera un PC en millones de hogares y empresas, cuándo aún muchos pensaban que un solo ordenador podía ocupar una habitación entera. A pesar de ello, la falta de estabilidad, las continuas chapuzas y los miles de agujeros de seguridad que convierten este software en una mala bestia, son suficientes para buscar alternativas lo más rápidamente posible. Somos muchos los que pensamos que, de no haber aparecido tito Bill, otras multinacionales habrían ocupado su lugar, pero quién sabe si con los mismos desastrosos resultados.
Mi primer contacto con "La Comunidad" fue cuándo me decidí aprender PHP. No tenía mucho sentido que un estudiante de I.T.A. se dedicara a algo así, pero después de mis intentos por diseñar una página web estructurada, me decidí por montar un sistema de páginas dinámicas que cubriera mis necesidades, aunque fueran mínimas. En el intento se quedó, porque el tiempo y una tarea tras otra siempre me han echado para atrás el invento.
Sin embargo, de esta pequeña incursión aprendí muchísimo. Descubrí los foros, los tutoriales, los manuales, los chats temáticos y toda una ingente cantidad de información disponible que no sólo se me ofrecía gratis, si no también Libre. Miles de usuarios que ofrecían sus conocimientos y ayudaban desinteresadamente de una manera a veces fanática. La emoción me embargó, y mi visión cambió. Por completo.
Muchos años después, hace ya dos, me tropecé con Linux. Fue sin querer. Lo juro. No fue como el PHP, si no que más bien parecía que mi subconsciente estuviera buscándolo. Y me topé con él. Vaya que sí. Descubrí que había otro mundo, dónde el código era abierto, el software se compartía totalmente con la Comunidad, y ésta crecía alimentándose de todos. Me aferré a este sistema como si la vida me fuera en ello.
Descubrí que había "muchos Linux", que todos eran combinables y que ofrecían soluciones de escritorio muy dispares. Y todas adaptables.
Dieciséis minutos. Dieciséis. Es lo que tardé en instalar mi primera Mandrake, y al arrancarla, otra forma de ver las cosas se abrió ante mí. Sí, es cierto, a veces hay que leer manuales o "cómos" para poder hacer funcionar algún script, o algún programita, pero cualquier usuario básico puede trabajar con Linux desde un inicio sin problemas, y es algo fascinante hasta qué punto puede configurarse. Adaptarse. Modificarse. Reinventarse.
Podría estar así horas, pero no es ese mi objetivo. Intento explicar cómo esta escalada tecnológica limitada por mis ajustados presupuestos, me ha traído hasta aquí. Hasta caer en esta moda de los blogs, cuándo las modas jamás las sigo. Que se lo digan a mi peinado.
Y creo que funcionará. Que vendré aquí casi a diario y acabaré enviando anotaciones desde mi PDA o desde mi móvil, con tal de dejar constancia de lo que vivo, lo que experimento. En caso contrario no habría comenzado todo esto. No habría tardado tantas semanas en animarme y comenzar este blog en serio.
Y aquí estoy, para mí y para los míos. Para el que quiera leerme.
Alex.

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Memed El flaco
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